Crecer junto a un perro, un gato u otra mascota puede convertirse en mucho más que una experiencia afectiva para un niño. Alimentarlo, jugar con él, observar su comportamiento o participar en sus cuidados son actividades que pueden formar parte del aprendizaje cotidiano.
Pero ¿tener una mascota realmente ayuda al desarrollo de habilidades en los niños?
La investigación científica ha encontrado asociaciones entre la convivencia con animales de compañía y diferentes aspectos del desarrollo infantil, especialmente en las áreas social, emocional y, en algunos casos, cognitiva. Sin embargo, los expertos también advierten que tener una mascota no garantiza por sí mismo que un niño desarrolle determinadas capacidades.
Una revisión sistemática que analizó 22 estudios encontró posibles beneficios relacionados con la autoestima, la soledad, las habilidades sociales, la interacción, el juego, la empatía y algunas capacidades cognitivas. Al mismo tiempo, los investigadores señalaron que muchos de los estudios disponibles tienen limitaciones y que todavía faltan investigaciones de mayor calidad y seguimiento a largo plazo.
1. Empatía: aprender a reconocer las necesidades de otro ser vivo
Una de las habilidades que más interés ha despertado es la empatía.
Un niño que convive con una mascota comienza a observar que el animal tiene necesidades diferentes a las suyas: necesita comer, descansar, jugar, recibir cuidados y sentirse seguro.
Con el tiempo, estas experiencias pueden ayudarlo a prestar atención a las señales de otro ser vivo y a comprender que sus propias acciones pueden generar determinadas respuestas.
La revisión científica sobre animales de compañía encontró asociaciones entre la convivencia y el desarrollo de la empatía y otras habilidades sociales, aunque los investigadores señalan que la calidad de la relación entre el niño y el animal puede ser más importante que el simple hecho de tener una mascota.
2. Responsabilidad y autonomía
“Es hora de alimentar al perro” o “hay que cambiarle el agua al gato” pueden parecer pequeñas tareas, pero para un niño representan oportunidades para aprender responsabilidad.
Cuando los padres asignan tareas adecuadas para la edad, el niño puede comenzar a comprender que el bienestar de otro ser vivo depende, en parte, de sus acciones.
Algunos estudios incluidos en la revisión encontraron asociaciones entre el vínculo con las mascotas y mayores niveles de autonomía, autosuficiencia y capacidad para tomar decisiones independientes.
Sin embargo, existe una diferencia importante: tener una mascota no hace automáticamente responsable a un niño. El aprendizaje depende de cómo participa la familia y de las tareas que realmente se le asignan.
3. Habilidades sociales y comunicación
Una mascota también puede convertirse en un compañero de juego.
Hablarle, jugar con ella, enseñarle determinadas acciones o simplemente interactuar con el animal puede generar oportunidades para desarrollar formas de comunicación y comportamiento social.
La revisión de estudios encontró asociaciones entre tener mascotas y una mayor competencia social, interacción, comunicación y juego social en algunos grupos de niños.
Incluso el animal puede convertirse en un punto de encuentro para que los niños interactúen con otras personas. Por ejemplo, pasear con un perro puede generar conversaciones y situaciones sociales que de otra manera no ocurrirían.
4. Mayor comprensión de las emociones
Los animales también pueden ayudar a los niños a prestar atención a las emociones y comportamientos.
Un perro puede mostrar entusiasmo, miedo o tranquilidad. Un gato puede buscar contacto o alejarse cuando no quiere ser molestado.
Aprender a interpretar estas señales puede enseñar al niño que no todas las personas ni todos los seres vivos reaccionan de la misma manera.
Algunos estudios revisados encontraron vínculos entre las mascotas y el desarrollo de habilidades relacionadas con las emociones y la capacidad de ponerse en el lugar de otros.
5. Resolución de problemas
Cuidar una mascota también puede plantear pequeños problemas cotidianos.
¿Qué hacer si el perro no quiere comer? ¿Cómo conseguir que el gato utilice determinado espacio? ¿Dónde está el juguete que desapareció?
Estas situaciones pueden estimular la búsqueda de soluciones y la observación.
Algunas investigaciones han encontrado asociaciones entre el vínculo con animales y determinadas habilidades de resolución flexible de problemas. Sin embargo, la evidencia todavía no permite afirmar que las mascotas sean responsables directamente de una mayor capacidad cognitiva.
Los propios investigadores advierten que factores como la educación y el acompañamiento de los padres también podrían explicar parte de estos resultados.
6. Aprendizaje y curiosidad
Una mascota puede convertirse también en una oportunidad para aprender.
Un niño puede comenzar a preguntarse qué come un animal, cómo funciona su cuerpo, por qué tiene determinado comportamiento o cuánto tiempo vive.
Algunos estudios han encontrado que los niños que conviven con animales pueden desarrollar un mayor conocimiento sobre aspectos relacionados con la biología y el comportamiento animal. También se han observado posibles beneficios en determinadas habilidades relacionadas con el aprendizaje.
En otras palabras, la mascota puede despertar una curiosidad que posteriormente se transforma en preguntas y aprendizaje.
7. Autoestima y sensación de compañía
La relación con una mascota también puede tener una dimensión emocional.
Un animal puede convertirse en una presencia constante en la vida del niño, especialmente durante momentos de soledad o cambios importantes.
La revisión de investigaciones encontró asociaciones entre la convivencia con mascotas y algunos beneficios relacionados con la autoestima y la sensación de soledad. En cambio, los resultados sobre ansiedad y depresión fueron menos concluyentes.
Esto significa que no debería afirmarse que una mascota previene problemas de salud mental, pero sí que el vínculo puede representar una fuente de compañía y apoyo emocional para algunos niños.
EL LENGUAJE DE LAS MIRADAS: LO QUE LOS OJOS REVELAN SEGÚN LA CIENCIA
¿Tener una mascota hace que un niño sea más inteligente?
No existe evidencia suficiente para afirmarlo de esa manera.
Los estudios han encontrado asociaciones con determinados aspectos del desarrollo cognitivo y del aprendizaje, pero eso es diferente de demostrar que tener una mascota aumenta la inteligencia.
Además, los niños que crecen con animales pueden pertenecer a familias con determinadas características sociales, económicas o educativas que también influyen en su desarrollo.
Por eso, los investigadores recomiendan interpretar estos resultados con cautela y realizar estudios de mayor duración que permitan establecer mejor qué papel desempeñan las mascotas.
¿Importa más el vínculo que tener una mascota?
Este es uno de los puntos más interesantes de la investigación.
No necesariamente es suficiente con que haya un animal dentro de la casa. La calidad de la relación entre el niño y la mascota puede ser más importante que la simple presencia del animal.
Un niño que participa activamente en el cuidado, juega con su mascota y desarrolla un vínculo afectivo puede tener una experiencia muy diferente a la de otro niño que apenas interactúa con el animal.
Por eso, regalar una mascota pensando que automáticamente producirá beneficios educativos no tiene respaldo científico.
¿Qué habilidades podría desarrollar un niño con una mascota?
De acuerdo con las investigaciones disponibles, las áreas que más se han relacionado con la convivencia y el vínculo con animales de compañía incluyen:
- Empatía.
- Responsabilidad.
- Autonomía.
- Habilidades sociales.
- Comunicación.
- Juego social.
- Comprensión de emociones.
- Capacidad para ponerse en el lugar de otros.
- Algunas habilidades de resolución de problemas.
- Curiosidad y aprendizaje sobre los animales.
- Autoestima y sensación de compañía.
La evidencia no es igual de sólida para todas estas áreas y algunas asociaciones necesitan ser investigadas con mayor profundidad.
Una mascota también implica responsabilidades
Hablar de los posibles beneficios no significa ignorar las responsabilidades.
Los niños pequeños no pueden asumir solos el cuidado de un animal. Los adultos deben encargarse de aspectos como la alimentación, atención veterinaria, higiene y seguridad.
También es importante enseñar a los niños a respetar los límites de la mascota: no molestarla mientras come o duerme, no tirar de su cola y aprender a reconocer cuándo el animal necesita espacio.
La convivencia responsable beneficia tanto al niño como al animal.
¿Y qué dicen investigaciones más recientes?
Los estudios más recientes también han explorado específicamente la relación entre perros y niños con determinados trastornos del neurodesarrollo.
Una revisión sistemática publicada en 2025 analizó 16 estudios sobre niños con trastornos del neurodesarrollo y encontró asociaciones entre la convivencia con perros y mejoras en aspectos como interacción social, regulación emocional y algunos resultados cognitivos, de lenguaje y comunicación. Sin embargo, los autores también señalaron la necesidad de realizar estudios prospectivos más grandes para conocer mejor los efectos a largo plazo.
Estos resultados corresponden a poblaciones específicas y no deben generalizarse automáticamente a todos los niños.
La mascota puede ser un compañero de aprendizaje, no una herramienta educativa
La evidencia disponible apunta a una idea interesante: un perro, un gato u otro animal de compañía puede ofrecer al niño oportunidades cotidianas para practicar habilidades que también son importantes fuera del hogar.
Cuidar, observar, jugar, comunicarse, respetar límites y reconocer las necesidades de otro ser vivo pueden convertirse en experiencias de aprendizaje.
Pero la mascota no sustituye la educación, la interacción con otros niños, la familia ni las experiencias necesarias para un desarrollo saludable.
Tener una mascota durante la infancia puede estar relacionado con el desarrollo de determinadas habilidades sociales, emocionales y cognitivas, especialmente cuando existe un vínculo cercano y el niño participa de manera adecuada en su cuidado.
Entre las capacidades que más se han estudiado aparecen la empatía, responsabilidad, autonomía, comunicación, interacción social, autoestima y algunas formas de resolución de problemas.
Sin embargo, la ciencia todavía no permite afirmar que las mascotas sean la causa directa de estos beneficios. La educación familiar, el entorno y las características de cada niño también tienen un papel importante.
Por eso, más que pensar en una mascota como una herramienta para hacer que los niños sean “más inteligentes”, resulta más apropiado verla como un compañero que puede ofrecer experiencias cotidianas capaces de enriquecer su desarrollo.