Quejarse es una conducta cotidiana. Todos lo hacemos en algún momento. Sin embargo, cuando la queja se convierte en un hábito constante, puede generar efectos negativos en el cerebro y en la salud emocional.
En este artículo analizamos qué sucede a nivel neurológico cuando una persona se queja con frecuencia, cómo impacta en las conexiones cerebrales y qué dice la ciencia sobre este comportamiento.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando nos quejamos?
Cada vez que una persona formula una queja, el cerebro activa circuitos relacionados con:
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El estrés
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La frustración
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La percepción de amenaza
Este proceso involucra estructuras como la amígdala, responsable de detectar emociones negativas y activar respuestas defensivas.
Cuando la queja es constante, el cerebro comienza a reforzar estos circuitos emocionales.
La neuroplasticidad y el hábito de quejarse
El cerebro funciona bajo un principio clave llamado neuroplasticidad: las neuronas que se activan juntas, se conectan juntas.
Esto significa que:
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Si una persona se enfoca repetidamente en lo negativo,
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Si verbaliza constantemente frustraciones,
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Si interpreta la realidad desde la queja,
El cerebro fortalece las redes neuronales asociadas al pensamiento negativo.
Con el tiempo, la mente puede volverse más propensa a detectar problemas en lugar de soluciones.
Quejarse y el aumento del cortisol
El hábito constante de quejarse puede estimular la liberación de cortisol, la hormona del estrés.
El exceso de cortisol sostenido en el tiempo puede:
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Afectar la memoria.
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Dificultar la concentración.
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Alterar el estado de ánimo.
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Debilitar el sistema inmunológico.
No se trata de que una queja ocasional cause daño, sino del patrón repetitivo y prolongado.
Impacto en el hipocampo y la memoria
El estrés crónico está relacionado con cambios en el hipocampo, región clave para la memoria y el aprendizaje.
Al mantener una mentalidad de queja permanente:
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Se incrementa la actividad emocional negativa.
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Se reduce la capacidad de regulación cognitiva.
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Se dificulta el pensamiento flexible.
Esto puede hacer que la persona quede atrapada en un ciclo de pensamientos reiterativos.
Efecto contagio: cómo influye en otros cerebros
Las quejas también tienen un impacto social. Escuchar quejas constantes puede activar en otras personas:
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Respuestas empáticas de estrés.
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Estados emocionales negativos.
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Fatiga mental.
El cerebro humano es altamente sensible al entorno emocional. La exposición prolongada a discursos negativos puede modificar la percepción colectiva.
Diferencia entre queja destructiva y expresión saludable
No toda queja es perjudicial. Existe una diferencia importante entre:
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Queja crónica sin intención de solución.
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Expresión emocional constructiva orientada al cambio.
La segunda puede ser saludable y necesaria para resolver conflictos o liberar tensión. El problema surge cuando la queja se convierte en identidad.
Beneficios de cambiar el enfoque mental
Diversos estudios en psicología positiva indican que entrenar la mente hacia:
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La gratitud
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La búsqueda de soluciones
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La reinterpretación cognitiva
Puede activar circuitos cerebrales asociados al bienestar y la resiliencia.
Este cambio no elimina los problemas, pero modifica la manera en que el cerebro los procesa.
¿Se puede “reentrenar” el cerebro?
Sí. Gracias a la neuroplasticidad, es posible:
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Reducir el pensamiento automático negativo.
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Practicar el enfoque en soluciones.
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Incorporar hábitos de reflexión positiva.
Pequeños cambios diarios en el lenguaje interno pueden alterar las conexiones neuronales con el tiempo.
Quejarse de forma ocasional es parte de la experiencia humana. Sin embargo, cuando la queja se vuelve constante, puede reforzar circuitos cerebrales asociados al estrés y la negatividad.
El cerebro aprende de lo que repetimos. Por eso, desarrollar conciencia sobre el lenguaje y el enfoque mental puede ser una herramienta poderosa para mejorar la salud emocional y cognitiva.