Un olor puede transportarnos a un recuerdo, hacernos sentir tranquilidad o incluso provocar rechazo en cuestión de segundos. Aunque la reacción ante un aroma depende en buena medida de las experiencias personales, distintas investigaciones han encontrado que los olores pueden influir en nuestras emociones y en la percepción que tenemos de nuestro estado de ánimo.
Una revisión científica publicada en Frontiers in Behavioral Neuroscience señala que existe evidencia de que los olores agradables pueden favorecer estados de ánimo más positivos, mientras que los olores desagradables pueden producir el efecto contrario.
La explicación no depende únicamente del olor en sí. También intervienen los recuerdos y las asociaciones que cada persona ha construido a lo largo de su vida.
Por ejemplo, el aroma de un perfume puede recordar a una persona querida, el olor del café puede relacionarse con una rutina agradable o el aroma de una comida puede transportar a la infancia.
El olfato está estrechamente relacionado con las emociones
Una de las particularidades del sentido del olfato es su estrecha relación con las áreas cerebrales relacionadas con las emociones y la memoria.
Por eso, un olor puede provocar una respuesta emocional prácticamente inmediata. Una investigación publicada en Frontiers in Systems Neuroscience explica que determinados olores pueden despertar recuerdos emocionales y modificar estados psicológicos.
Esto también ayuda a entender por qué dos personas pueden reaccionar de manera completamente diferente ante el mismo aroma.
Lo que para alguien resulta relajante puede ser indiferente para otra persona. Incluso un olor que una persona considera agradable puede generar rechazo en alguien que lo asocia con una experiencia negativa.
¿Cuál es el aroma más agradable para las personas?
Aquí aparece uno de los datos más llamativos.
Un estudio internacional realizado por investigadores del Karolinska Institutet de Suecia y la Universidad de Oxford analizó las preferencias olfativas de 235 personas provenientes de diferentes contextos culturales.
Los participantes tuvieron que clasificar diferentes olores desde los más agradables hasta los menos agradables.
El resultado colocó a la vainilla en el primer lugar como el olor más agradable de los analizados. En segundo lugar apareció el etil butirato, una sustancia cuyo olor recuerda al de frutas como el durazno.
El hallazgo resulta interesante porque los participantes no procedían todos de ambientes con las mismas costumbres, alimentos o productos perfumados.
Los investigadores encontraron que las preferencias tenían relación tanto con las características del propio olor como con las preferencias individuales.
La vainilla, la favorita
La vainilla no fue simplemente uno de los aromas bien valorados: fue el que obtuvo la mayor aceptación general en este estudio.
Una revisión publicada posteriormente en Nature Food también destacó la particular aceptación de la vainilla entre diferentes culturas y analizó las posibles razones detrás de esta preferencia.
Esto no significa que todas las personas del mundo prefieran la vainilla. La investigación mostró una tendencia general, pero existen diferencias individuales importantes.
¿La lavanda realmente ayuda a relajarse?
La lavanda suele relacionarse con relajación y descanso, pero la evidencia científica merece una explicación cuidadosa.
Existen investigaciones que han encontrado efectos positivos de determinados aromas sobre el estado de ánimo. Sin embargo, los resultados no permiten afirmar que un aroma específico funcione como un tratamiento universal contra el estrés, la ansiedad o la depresión.
De hecho, una revisión científica advierte que muchas afirmaciones populares sobre aromaterapia todavía no cuentan con suficiente evidencia y que las respuestas pueden variar considerablemente entre individuos.
También se ha estudiado el aroma del limón. En un ensayo controlado con 56 adultos, la exposición al olor del limón estuvo asociada con un aumento del estado de ánimo positivo en comparación con agua y lavanda.
Esto demuestra que el efecto de un aroma no debe interpretarse como una fórmula universal.
Los olores también pueden despertar recuerdos
Probablemente esta sea una de las experiencias más comunes relacionadas con los aromas.
El olor de una determinada colonia puede recordar a alguien que ya no vemos. El aroma de una comida puede llevarnos mentalmente a la casa de nuestros padres o abuelos. Incluso el olor de un lugar puede hacernos recordar unas vacaciones ocurridas muchos años atrás.
La investigación sobre olfato y emociones señala precisamente esta fuerte relación entre los olores, la memoria y las experiencias emocionales.
Por eso, el poder emocional de un aroma no depende únicamente de sus características, sino también de la historia personal que cada individuo ha construido alrededor de él.
¿Entonces los aromas pueden mejorar nuestro ánimo?
La respuesta corta es sí, pueden influir, pero no de la misma manera en todas las personas.
Los estudios muestran que los olores agradables pueden asociarse con estados de ánimo más positivos. Sin embargo, factores como los recuerdos, las experiencias personales, las preferencias y el contexto también tienen un papel importante.
Por eso, más que buscar un aroma que funcione como una solución universal para sentirse mejor, puede ser más útil identificar aquellos olores que cada persona relaciona con momentos agradables.
La conclusión: el aroma que más gusta es la vainilla, pero hay una excepción
Si la pregunta es cuál es el aroma que obtuvo mayor aceptación en una investigación internacional, la respuesta es la vainilla.
El estudio de 235 participantes la situó como el olor más agradable entre los aromas evaluados, seguida por el etil butirato, asociado al aroma del durazno.
Pero existe una conclusión todavía más interesante: no existe un aroma capaz de provocar exactamente la misma reacción emocional en todas las personas.
Un olor puede generar bienestar porque está asociado a una experiencia positiva, mientras que ese mismo aroma puede resultar desagradable para alguien más.
En otras palabras, nuestro cerebro no solamente huele los aromas: también recuerda, relaciona y siente.