Para unos es tronarse los dedos, para otros sonarse los nudillos. Muchos lo ven como una forma de liberar estrés y para otros puede ser hasta motivo de una competencia para ver a quién le crujen más fuerte los dedos.
Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, el resultado suele ser el mismo: ese peculiar y para algunos, desesperante sonido que por muchos años inquietó a la comunidad científica.
Desde hace años, los especialistas valoraron varias teorías para explicarlo y la más extendida fue la de la explosión de pequeñas burbujas en los nudillos.
O sea, según quienes lo han estudiado, cuando te truenas los dedos, el espacio entre las articulaciones se agranda y hace que los gases disueltos en el líquido sinovial que baña a la articulación formen burbujas microscópicas.
Esas bolitas de aire se unen para formar unas más grandes cuando entra más fluido en el espacio abierto hasta que … ¡crac!, estallan y el sonido atraviesa la piel.
Ahora, un grupo de científicos de Estados Unidos y Francia propuso un grupo de complejas ecuaciones matemáticas que amplían el sentido de esta teoría.
Y el nuevo modelo matemático, dado a conocer, confirma la idea de que el sonido se debe a pequeñas burbujas que colapsan en el fluido de la articulación a medida que cambia la presión.
La ciencia ha comprobado que no hace daño, pero ¿hace bien? Además de investigar la relación del hábito con la mayor propensión a desarrollar enfermedades articulares.
En resumen, el hábito no afecta ni negativa, ni positivamente, a la salud de las articulaciones. La única advertencia es no abusar de los chasquidos cerca de personas a las que pueda impresionar el ruido.