Los “me gusta” parecen un detalle pequeño dentro de las redes sociales. Una fotografía recibe 20, 200 o 2.000 reacciones y, en cuestión de segundos, esa cifra puede convertirse en una medida subjetiva de popularidad, aceptación o reconocimiento.
Pero ¿puede algo tan sencillo como recibir pocos “likes” afectar el estado de ánimo de una persona? ¿Y qué ocurre cuando alguien publica contenido y espera constantemente una reacción de los demás?
La investigación científica sugiere que la relación entre redes sociales y depresión existe, pero es mucho más compleja que afirmar que tener pocos “me gusta” provoca depresión. Los estudios apuntan especialmente hacia mecanismos como la comparación social, la búsqueda de aprobación, el uso problemático de las plataformas y la forma en que cada persona interpreta las reacciones recibidas.
¿Por qué un “me gusta” puede generar satisfacción?
Las redes sociales están diseñadas alrededor de diferentes formas de retroalimentación: “me gusta”, comentarios, seguidores, compartidos y otras reacciones.
Cuando una publicación recibe una respuesta positiva, la persona puede interpretar esa interacción como una señal de aceptación social.
Esto puede resultar agradable y reforzar el deseo de continuar utilizando la plataforma.
El problema puede aparecer cuando la valoración personal comienza a depender excesivamente de esas señales externas.
Por ejemplo, una persona puede comenzar a pensar:
“Si tiene muchos likes, significa que gusto”.
“Si nadie reacciona, significa que no soy interesante”.
“¿Por qué a otras personas les dan cientos de likes y a mí no?”
Estas interpretaciones pueden transformar una herramienta de interacción social en una fuente de comparación y preocupación.
¿Tener pocos likes puede causar depresión?
No existe evidencia científica suficiente para afirmar que recibir pocos “me gusta” provoque directamente depresión.
La depresión es un trastorno complejo en el que intervienen múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales.
Sin embargo, determinadas experiencias relacionadas con las redes sociales pueden asociarse con un mayor riesgo de presentar síntomas depresivos.
Una revisión de 62 estudios, que reunió información de más de 451.000 participantes, encontró que el tiempo dedicado a las redes sociales y la intensidad de uso tenían asociaciones débiles con los síntomas depresivos. En cambio, el uso problemático de las redes sociales presentó una asociación moderada con dichos síntomas.
Esto resulta importante: no parece ser únicamente cuestión de cuánto tiempo permanece una persona conectada, sino cómo utiliza las redes y qué papel ocupan en su vida.
La comparación social puede ser más importante que el número de likes
Una de las explicaciones más estudiadas es la comparación social.
Las redes sociales permiten observar constantemente las vidas de otras personas: viajes, relaciones, cuerpos, trabajos, fiestas, logros y adquisiciones.
Pero normalmente vemos una versión seleccionada de esas experiencias.
La persona publica sus mejores fotografías, el viaje más atractivo o el momento más importante, mientras que los problemas cotidianos quedan fuera de la pantalla.
Esto puede generar una comparación injusta:
“Los demás parecen tener una vida mejor que la mía”.
Un metaanálisis sobre redes sociales y depresión encontró que las comparaciones sociales estaban más relacionadas con los síntomas depresivos que simplemente el tiempo dedicado a las plataformas. Además, las llamadas comparaciones ascendentes —compararse con personas percibidas como superiores en algún aspecto— mostraron una relación particularmente relevante.
¿Qué ocurre cuando una publicación recibe menos likes que otras?
La reacción depende de la interpretación que haga cada persona.
Para alguien, recibir pocos “me gusta” puede ser completamente irrelevante.
Para otra persona, puede convertirse en una señal de rechazo.
Esta diferencia es fundamental.
Las cifras de las redes sociales son objetivas: una publicación tiene determinada cantidad de reacciones.
Pero el significado psicológico que una persona atribuye a esa cifra es subjetivo.
Si alguien relaciona constantemente el número de likes con su valor personal, una publicación con poca interacción puede generar decepción, inseguridad o vergüenza.
¿Por qué los adolescentes pueden ser especialmente sensibles?
La adolescencia es una etapa en la que adquieren especial importancia la pertenencia al grupo, la aceptación social y la construcción de la identidad.
Por ello, las métricas sociales pueden adquirir un significado particular.
Una investigación publicada en 2024 estudió las comparaciones sociales de adolescentes en redes sociales y encontró que las comparaciones ascendentes estaban relacionadas, en determinados momentos, con una peor evaluación de sí mismos. Además, los síntomas depresivos generales se asociaron con una mayor probabilidad de realizar este tipo de comparación.
Esto también demuestra que la relación puede funcionar en ambas direcciones.
Una persona con síntomas depresivos puede utilizar las redes de determinada manera y realizar más comparaciones negativas, mientras que determinadas experiencias en redes pueden contribuir a empeorar su estado emocional.
Por eso es difícil establecer una relación simple de causa y efecto.
La búsqueda constante de aprobación puede convertirse en un problema
Publicar una fotografía y comprobar posteriormente cuántas personas reaccionaron es una conducta habitual.
El problema aparece cuando la comprobación se vuelve repetitiva o cuando el estado de ánimo depende de los resultados.
Por ejemplo:
- Publicar y revisar inmediatamente las reacciones.
- Eliminar fotografías porque no recibieron suficientes likes.
- Sentirse inferior cuando otros reciben más interacción.
- Publicar exclusivamente para obtener aprobación.
- Experimentar ansiedad cuando disminuyen los seguidores.
- Comparar constantemente las propias publicaciones con las de otras personas.
Estas conductas pueden formar parte de un patrón de búsqueda de aprobación social.
Una revisión sistemática reciente sobre niños y adolescentes identificó la comparación social y las conductas de búsqueda de retroalimentación como algunos de los mecanismos que pueden intervenir en la relación entre uso de redes sociales y síntomas de depresión y ansiedad.
¿Los likes pueden afectar la autoestima?
Pueden influir en cómo una persona evalúa temporalmente su imagen social, especialmente cuando concede mucha importancia a la opinión de los demás.
Pero autoestima y número de likes no son equivalentes.
Una persona con una autoestima estable puede recibir pocas reacciones y continuar con su vida sin darle demasiada importancia.
En cambio, alguien que necesita constantemente validación externa puede interpretar una baja interacción como una confirmación de sus inseguridades.
Por eso, el problema no necesariamente está en el botón de “me gusta”, sino en el significado que se le concede.
¿Pasar mucho tiempo en redes aumenta el riesgo de depresión?
La evidencia muestra una asociación, pero nuevamente es necesario evitar conclusiones demasiado simples.
Un metaanálisis que incluyó 26 estudios y más de 55.000 adolescentes encontró que un mayor tiempo de uso de redes sociales estaba asociado con un mayor riesgo de síntomas depresivos. En el análisis dosis-respuesta, cada hora adicional de uso se asoció con un aumento relativo del riesgo estimado. Sin embargo, los propios autores advierten que factores como el tipo de contenido, la motivación y la forma de interacción también pueden influir y que se necesitan más investigaciones para establecer causalidad.
Otros análisis han encontrado asociaciones pequeñas o inconsistentes.
Una revisión general de revisiones científicas concluyó que la mayoría de los estudios disponibles consideraban las asociaciones entre redes sociales y salud mental como débiles o inconsistentes, lo que demuestra que todavía no existe una explicación única.
No todas las experiencias en redes sociales son negativas
También sería incorrecto presentar las redes sociales exclusivamente como una amenaza para la salud mental.
Las plataformas digitales pueden facilitar:
- Mantener contacto con amigos.
- Encontrar comunidades con intereses comunes.
- Recibir apoyo social.
- Compartir experiencias.
- Reducir la sensación de aislamiento.
- Acceder a información y recursos.
Una revisión de estudios sobre redes sociales y depresión en adolescentes señala precisamente que determinados usos pueden proporcionar apoyo social y que el impacto depende del tipo de interacción.
Por eso, no todas las personas que utilizan redes sociales tienen un riesgo elevado de depresión.
¿Qué ocurre cuando una persona deja de recibir likes?
La ausencia de reacciones puede generar diferentes respuestas.
En algunas personas no produce ningún efecto.
En otras puede aparecer frustración o preocupación, especialmente si existe una expectativa previa de recibir reconocimiento.
El problema puede intensificarse cuando la persona utiliza las redes como una especie de medidor de aceptación:
Más likes = soy valorado.
Menos likes = algo está mal conmigo.
Esta asociación puede resultar perjudicial porque las métricas digitales son variables y dependen de numerosos factores que no tienen relación con el valor personal.
El horario de publicación, el algoritmo, el número de seguidores, el tipo de contenido y el momento en que los usuarios están conectados pueden modificar considerablemente la cantidad de interacciones.
¿Reducir las redes sociales puede mejorar el estado de ánimo?
Existe evidencia experimental que merece atención.
Un metaanálisis publicado en 2025 reunió 10 ensayos clínicos aleatorizados con 1.491 participantes y encontró que las intervenciones destinadas a reducir el uso de redes sociales produjeron una disminución significativa de los síntomas depresivos. El efecto fue pequeño, pero estadísticamente significativo, y los autores señalan que se necesitan más investigaciones para determinar los efectos a largo plazo.
Esto aporta una pieza importante al debate porque no se basa únicamente en estudios correlacionales.
Sin embargo, reducir el uso de redes sociales no debe considerarse un tratamiento independiente para la depresión. Una persona con síntomas depresivos persistentes necesita una evaluación adecuada por parte de un profesional de salud mental.
¿Cómo tener una relación más saludable con los likes?
Una estrategia sencilla consiste en dejar de utilizar las métricas como una medida de valor personal.
Algunas prácticas pueden ayudar:
No comprobar las reacciones constantemente
Esperar un tiempo antes de revisar una publicación puede disminuir la atención que se presta a las cifras.
Evitar compararse
La cantidad de likes que recibe otra persona no constituye una medida de su felicidad ni de su valor.
Observar cómo cambia el estado de ánimo
Si una persona nota que se siente bien cuando recibe muchas reacciones y mal cuando recibe pocas, puede ser útil reflexionar sobre el papel que están desempeñando las redes.
Reducir el uso problemático
No se trata necesariamente de abandonar las plataformas, sino de evitar que interfieran con el sueño, el trabajo, los estudios, las relaciones o las actividades cotidianas.
Dar prioridad a las relaciones fuera de internet
Las interacciones presenciales continúan siendo una parte importante del bienestar psicológico.
¿Cuándo las redes sociales pueden ser una señal de alerta?
Más que contar cuántos likes recibe una persona, es importante observar su comportamiento y estado emocional.
Puede ser recomendable buscar ayuda profesional si aparecen síntomas como:
- Tristeza persistente.
- Pérdida de interés por actividades habituales.
- Aislamiento social.
- Cambios importantes en el sueño.
- Sentimientos intensos de inutilidad o desesperanza.
- Dificultades para estudiar o trabajar.
- Uso compulsivo de redes sociales.
- Ansiedad intensa relacionada con las interacciones digitales.
Las redes sociales pueden formar parte del problema, pero no necesariamente son la causa principal.
Los “me gusta” de las redes sociales pueden influir en el estado de ánimo, pero no existe evidencia para afirmar que recibir pocos likes cause directamente depresión.
La investigación apunta hacia una relación mucho más compleja en la que intervienen la comparación social, la búsqueda de aprobación, el uso problemático, el tiempo de exposición y las características psicológicas de cada persona.
En particular, comparar constantemente la propia vida con las versiones cuidadosamente seleccionadas que otras personas muestran en internet puede tener consecuencias negativas sobre la percepción de uno mismo.
Por eso, el verdadero riesgo probablemente no esté en un botón de «me gusta», sino en cuando las métricas digitales empiezan a determinar cuánto vale una persona ante sus propios ojos.
Las redes sociales pueden ser herramientas para comunicarse, entretenerse y encontrar apoyo. La clave está en evitar que sus números (likes, seguidores, comentarios o visualizaciones) se conviertan en el principal indicador de autoestima y bienestar.