¿A QUÉ SE DEBE LA FRAGILIDAD EN ADULTOS MAYORES?

La fragilidad en las personas mayores no es simplemente una consecuencia natural del envejecimiento. Se considera un síndrome clínico complejo que involucra una disminución en la reserva fisiológica y la capacidad de adaptación del cuerpo. Algunos adultos mayores pueden sufrir una serie de cambios físicos y funcionales que los hacen más susceptibles a lesiones, enfermedades y una disminución de su bienestar.

Por ejemplo, una persona con fragilidad puede ser más vulnerable a las gripes en invierno a causa de enfermedades crónicas de base o la debilidad de su organismo. Esto puede comportar complicaciones como infecciones o la necesidad de hospitalización.

Tipos de fragilidad

Fragilidad física: relacionada con la disminución de la fuerza, la resistencia, la velocidad de la marcha y el equilibrio, debidas a la afectación de diversos sistemas del organismo, como el músculo-esquelético, el neurológico, el cardiovascular, el respiratorio o el sistema inmunitario.

Fragilidad cognitiva: asociada a deterioro de capacidades como la memoria, la atención, el lenguaje o la percepción. Este perfil comporta un mayor riesgo de progresión hacia una discapacidad.

Fragilidad psicológica: la depresión, la ansiedad, el estrés crónico o una baja resiliencia emocional pueden contribuir al desarrollo o agravamiento de la fragilidad.

Fragilidad social: vinculada a la carencia de apoyo social, la soledad no deseada, las dificultades económicas o las barreras de acceso a los recursos sanitarios y comunitarios.

CAÍDAS DEL ADULTO MAYOR EN CASA: PREVENIR ES MEJOR

Prevención e intervenciones

Promover una dieta equilibrada

Una alimentación saludable y equilibrada, rica en nutrientes esenciales como proteínas, vitaminas y minerales, puede ayudar a prevenir la fragilidad nutricional y promover la salud ósea y muscular en las personas mayores.

Fomentar la actividad física regular

El ejercicio regular, adaptado a las necesidades y capacidades individuales, puede ayudar a fortalecer los músculos, mejorar la resistencia y mantener la movilidad en las personas mayores. Actividades como caminar, nadar y yoga o pilates pueden ser muy beneficiosas.

Realizar revisiones médicas periódicas

Las revisiones médicas pueden ayudar a detectar problemas de salud que puedan estar provocando la fragilidad. Es importante mantenerse al día con exámenes de salud preventivos y seguir las recomendaciones médicas.

Fomentar la participación social

Mantenerse activo socialmente puede ayudar a prevenir la fragilidad mental en las personas mayores. Participar en actividades comunitarias, reuniones sociales y eventos culturales puede promover la salud mental y el bienestar emocional.

Mejorar la seguridad en el hogar

Crear un entorno seguro en el hogar puede reducir el riesgo de caídas y lesiones en las adultos mayores. Algunas recomendaciones pasan por instalar pasamanos, suprimir obstáculos y mejorar de la iluminación para aumentar la seguridad general.

Mantener una rutina de sueño saludable

El sueño adecuado y reparador es crucial para mantener la salud y prevenir la fragilidad. Establecer una rutina para dormir y practicar hábitos saludables puede mejorar la calidad del sueño y promover la salud general.

Envejecer no significa renunciar a lo que disfrutabas ni volverte dependiente. Con buenos hábitos, atención médica y relaciones sociales, puedes disfrutar esta etapa al máximo. Incluso pequeños cambios pueden mejorar mucho tu salud y bienestar.

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